Sesión 06

En esta sesión, titulada "Trabajando con diferentes clases de personalidades", se aborda un aspecto crucial del ministerio: la capacidad del pastor para tratar con personas de diversas personalidades dentro de la iglesia. Basándose en el pasaje de Hechos 15:35-41, se analiza el conflicto entre Pablo y Bernabé, destacando cómo las diferencias personales pueden afectar la obra de Dios y la necesidad de desarrollar habilidades para trabajar en armonía con otros. Aquí se presentan principios prácticos y bíblicos para manejar estas situaciones y fortalecer el ministerio.

El caso de Pablo y Bernabé

El capítulo 15 de Hechos describe un desacuerdo entre Pablo y Bernabé acerca de si Juan Marcos debía acompañarlos en su próximo viaje misionero. Pablo no quería llevar a Juan Marcos porque los había abandonado anteriormente, mientras que Bernabé, posiblemente debido a su relación familiar con Marcos, insistió en darle otra oportunidad. Este desacuerdo fue tan fuerte que ambos decidieron separarse, lo que, aunque permitió que dos equipos misioneros trabajaran por separado, también dañó la causa de Cristo.

El ejemplo de Pablo y Bernabé subraya una verdad importante: incluso los grandes hombres de Dios pueden tener conflictos personales. Sin embargo, el ministerio depende en gran medida de la capacidad del líder para manejar estas diferencias y trabajar con todo tipo de personas para edificar la iglesia.

1. La capacidad de trabajar con diferentes personalidades

El pastor debe ser capaz de colaborar con personas que no comparten sus mismas preferencias, temperamentos o puntos de vista. Como Pablo escribió en 1 Corintios 9:22, "A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos". Este principio implica flexibilidad, humildad y la disposición de mirar más allá de las diferencias personales para enfocarse en el propósito mayor del ministerio.

Un espíritu superior:
El pastor debe tener lo que la Biblia llama "un espíritu superior". Esto significa que debe ser capaz de superar sus propios gustos, preferencias y sentimientos para enfocarse en lo que es mejor para la iglesia y la causa de Cristo. Los sentimientos heridos y las emociones descontroladas han causado más daño en el ministerio que muchos pecados notorios.

2. Control del temperamento

El pastor no puede permitirse tener un temperamento explosivo. La paciencia es clave, especialmente al tratar con miembros de una iglesia nueva que pueden no estar familiarizados con la forma en que una iglesia debe funcionar. Por ejemplo, si alguien interrumpe un culto o actúa de manera inapropiada, el pastor debe responder con calma y gracia, permitiendo que la persona aprenda gradualmente cómo comportarse en un entorno eclesiástico.

El ministerio no es como un campo de entrenamiento militar donde se puede imponer disciplina con dureza. Los miembros de la iglesia son ovejas que necesitan ser guiadas con cuidado y compasión, no forzadas o manipuladas.

3. Ver el potencial en los demás

El pastor debe esforzarse por ver el potencial en las personas, incluso en aquellas que no le caen bien o que no le respetan inicialmente. Algunas personas pueden no simpatizar con el pastor, pero eso no significa que no tengan algo valioso que ofrecer al ministerio. En lugar de enfocarse en los defectos de estas personas, el pastor debe buscar formas de ayudarlas a crecer espiritualmente y a ser productivas.

Un ejemplo mencionado es el caso de un asistente que tuvo un conflicto con el pastor. En lugar de deshacerse de él, el pastor escribió una carta asumiendo la responsabilidad y buscando reconciliación. Con el tiempo, ese asistente se convirtió en un colaborador valioso en el ministerio. Este ejemplo demuestra que, con paciencia y un espíritu de reconciliación, los conflictos pueden transformarse en oportunidades para el crecimiento y la unidad.

4. Ayudar a los seguidores a alcanzar su potencial

El verdadero trabajo del pastor es ayudar a los miembros de su iglesia a alcanzar su máximo potencial espiritual. Esto implica crear un ambiente donde las personas puedan crecer, enseñarles principios bíblicos prácticos y proporcionarles oportunidades para servir. Cada miembro de la iglesia tiene dones y talentos que pueden ser desarrollados y utilizados para la gloria de Dios, y el pastor tiene la responsabilidad de identificar y fomentar ese potencial.

Cristo mismo es el ejemplo supremo de este enfoque. Él tomó a hombres comunes y los transformó en apóstoles que trastornaron al mundo entero con el Evangelio. Del mismo modo, el pastor debe ver a cada miembro de su iglesia como alguien con el potencial de tener un impacto significativo en el reino de Dios.

5. No desechar a las personas

El pastor nunca debe alegrarse cuando alguien deja la iglesia, sin importar cuán difícil haya sido esa persona. Cuando alguien se va, el pastor pierde la oportunidad de ayudarle a crecer y alcanzar su potencial. En lugar de buscar formas de deshacerse de los "problemáticos", el pastor debe considerarlos un desafío y buscar maneras de convertirlos en una bendición para el ministerio.

Un ejemplo conmovedor fue el de un miembro que fue rechazado por otro pastor debido a diferencias en su filosofía ministerial. Este miembro encontró un hogar en la iglesia de Montebrón, donde se convirtió en una gran bendición y contribuyó significativamente al ministerio.

6. Recordar que Dios es soberano

El pastor debe recordar que Dios, en su soberanía, pone a las personas en su vida y ministerio con un propósito. Incluso aquellos que irritan o desafían al pastor pueden ser utilizados por Dios para moldear su carácter, fortalecer su dependencia de Él y fomentar el crecimiento del ministerio. En lugar de ver a estas personas como obstáculos, el pastor debe verlas como oportunidades para desarrollar paciencia, sabiduría y gracia.

Conclusión

El éxito de una iglesia depende en gran medida de la capacidad del pastor para trabajar con diferentes tipos de personalidades. Al mostrar paciencia, compasión y un espíritu superior, el pastor puede transformar conflictos y diferencias en oportunidades para fortalecer la unidad y edificar la iglesia. La obra del ministerio no se trata de eliminar a los difíciles, sino de ayudar a cada persona a alcanzar su máximo potencial en Cristo, contribuyendo al avance del Evangelio y la gloria de Dios.

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